viernes, 25 de abril de 2014

Mi aquí, ahora

Yo, sentada en el sofá que ya calenté tras el par de horas de apoyarme en él, misma posición. Con una computadora rosa sobre mis piernas desnudas, que emite un leve ronroneo que me adormece. Junto a mi el teléfono gigante que rogué por tener, tiene sus luces encendidas pero prefiero no despegar mis dedos del teclado. Mi maleta sigue a mi lado, en el mismo sitio donde la dejé al llegar. Otra maleta está, la de mi roomie, la cual me dio pista de que estaba dormida luego de que hice un escándalo hablando sola como luego suelo hacer. Eso es nuevo, antes mis pensamientos se quedaban más en mi cabeza, ahora quiero practicar sacándolos aunque a veces me pase de exaltación. En la mesa apoyo mis pies y siento como el filo hace presión en mis pantorrillas, una fuerza igual a la de mi peso sobre el lugar. Allí cerca también están los platos vacíos de lo que acabo de comer, las semillas y el jugo rojo delatan fue sandía y el aceite en el plato verde junto a los palillos rosas no dicen nada pero huele a atún. Si, uso palillos de vez en cuando para comer cosas simples por el afán de hacerlo. Escucho música, música de una lista de reproducción con cuatro canciones que me dicen el nombre de una sola persona. Es la persona por la que estuve hablando en voz alta al llegar, y la misma que me tiene bastante delirante. Pienso porqué escribo esto y no estoy segura, había hecho un borrador sobre un escrito acerca el destino pero no logré darle un sentido. No quería publicar algo sin bases y terminé escribiendo de lo más mundano, mi existencia en este aquí, ahora.  

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